Doce imágenes para lanzar una línea entera

Categoría Dermocosmética
Alcance Cinco referencias, una jornada de ocho horas
Entregado 12 imágenes en 10 días laborables
Incluye Ficha de catálogo, texturas y conjunto de gama
Dónde En nuestro estudio de Barcelona

Cinco referencias de dermocosmética. Frasco blanco mate, tapón transparente, tipografía negra y nada más.

Un envase así parece el más fácil de fotografiar y es de los más difíciles. Blanco sobre blanco no tiene borde. El plástico transparente refleja la sala entera. Y las cinco referencias son el mismo frasco: si una sale medio tono distinta, la fila del catálogo se rompe.

La marca no necesitaba una campaña. Necesitaba lo justo para abrir: ficha, textura y unas imágenes de conjunto.

Salieron doce imágenes. Una jornada.

Jabón facial AIO de SJAN'S, ficha de catálogo sobre fondo claro

Por qué doce y no cincuenta

La pregunta que llega siempre es cuántas fotos hacen falta. La respuesta honesta es menos de las que parece, si son las correctas.

Cada referencia necesita su frontal limpio, y eso son cinco. El resto del trabajo no se reparte por producto, se reparte por pregunta.

Qué textura tiene. Cómo se ve la gama junta. Qué tamaño es.

Multiplicar frontales no contesta ninguna de esas tres. Por eso el presupuesto se fue a las texturas y al conjunto, no a sumar ángulos de un frasco que ya se entiende de frente.

Textura de emulsión con luz rasante que marca el relieve del borde

Blanco sobre blanco, y un tapón que refleja todo

El frontal de catálogo tiene que ser neutro y tiene que separarse del fondo. Las dos cosas a la vez.

Con un frasco blanco mate sobre fondo claro, la silueta desaparece si la luz es plana. Lo que la devuelve es una diferencia mínima entre el cuerpo del envase y lo que hay detrás: suficiente para que el ojo lea el borde, no tanta como para que el blanco se ensucie.

El tapón es otro problema. Es plástico transparente y curvo, o sea que refleja la sala entera y encima la deforma. Ahí no se ilumina el tapón: se decide qué tiene delante para reflejar. Lo que se ve en él está elegido.

Y las cinco van con el mismo montaje, sin tocarlo. Es la única forma de que la fila del catálogo se lea como una marca.

Lo que no se ve en las fotos: la tinta estaba fresca

Los envases llegaron con la serigrafía recién aplicada. La tinta se marcaba con cada manipulación.

Eso cambió el ritmo de la jornada entera.

La regla fue tocar lo mínimo. Cada frasco se manipuló lo justo para colocarlo, sin los reajustes pequeños que normalmente te permites porque no cuestan nada. Aquí cada reajuste costaba una marca nueva.

Aun así, lo que quedó se limpió después en el retoque.

Lo contamos porque es la parte del oficio que no aparece en la imagen final y que decide si el catálogo sale entero o sale con dos referencias peores que las otras tres.

Y hubo un factor más: la jornada la llevó una sola persona, sin asistente. Eso obliga a trabajar por bloques cerrados. Se termina un montaje entero antes de tocar el siguiente, porque con una persona en el set no hay nada en paralelo: lo que se deja a medias hay que volver a levantarlo.

Las cinco referencias de SJAN'S de pie con sombras largas para la cabecera del sitio
Sérum bifásico transparente sobre fondo claro, con el borde legible
Jabón facial AIO de SJAN'S, ficha de catálogo sobre fondo claro
Las cuatro texturas de la línea SJAN'S en un mismo encuadre: emulsión, gel, sérum y aceite
Jabón facial AIO de SJAN'S, ficha de catálogo sobre fondo claro
Espuma del jabón facial con burbujas de tamaños distintos
Jabón facial AIO de SJAN'S, ficha de catálogo sobre fondo claro
Gotas de aceite con el borde limpio sobre fondo claro
Jabón facial AIO de SJAN'S, ficha de catálogo sobre fondo claro

La textura pide una luz distinta a la del frasco

Aquí se rompen la mayoría de las sesiones de cosmética: se intenta resolver el producto y la textura con el mismo esquema.

No se puede. Un frasco quiere luz amplia y controlada. Una textura quiere luz baja, casi rozando la superficie.

Es lo mismo que pasa con el sol al final del día: cuando llega desde arriba, el suelo se ve liso; cuando llega de lado, aparece cada grano. Una crema con luz plana parece una pastilla de silicona. Con luz rasante aparece el borde, la crema se dobla sobre sí misma, atrapa una sombra, y entonces se lee como crema.

En esta línea había cuatro consistencias distintas y cada una se comporta de otra manera:

La emulsión tiene cuerpo: sostiene la forma y el relieve se marca solo con bajar la luz.

El gel del jabón hace espuma con burbujas de tamaños muy distintos. Las burbujas son esferas transparentes y cada una devuelve su propio reflejo, así que lo que las dibuja no es la cantidad de luz sino desde dónde llega.

El sérum bifásico es lo contrario de todo lo anterior. Es transparente, y lo transparente sobre fondo claro no existe: se lee como agua sucia. El volumen se lo da la luz baja, que le marca el borde y lo despega del blanco. Y hay que ir deprisa: una gota de sérum se extiende sola, así que el encuadre y la luz se dejan resueltos antes de dosificar, y el disparo va detrás. Si te paras a ajustar, ya no es una gota, es un charco.

El aceite cae en gotas de borde limpio y ahí el trabajo es que el borde no se pierda contra el blanco.

El conjunto, que es otra sesión dentro de la misma

Las imágenes de gama no son cinco frontales puestos uno al lado del otro.

En el conjunto las cinco referencias están de pie, separadas, con sombras largas y duras hacia un lado. Eso ya no es catálogo: una sombra dura tiene dirección y hora, y convierte una fila de frascos en una escena.

La marca había mandado referencias visuales con el briefing. No se copiaron: sirvieron para acordar por dónde iba el tono antes de encender nada, que es exactamente para lo que sirve un mood board.

Es la imagen que sirve para la cabecera del sitio y para redes, donde un frontal sobre blanco no aguanta.

Y también se rodó la gama completa de texturas junta, que es la imagen que más explica de todo el proyecto: las cuatro consistencias en el mismo encuadre, y de un vistazo se entiende que es una línea, no cinco productos sueltos.

Qué no se hizo

Hay que decirlo, porque doce imágenes no son la respuesta a todo.

No hubo producto en la piel. El gesto de aplicación, la crema absorbiéndose, la mano. Eso pide modelo, y con ello casting, maquillaje y derechos de imagen. Para abrir no hacía falta.

No hubo vídeo. La textura en movimiento es lo que mejor funciona en Reels y en el bucle de la ficha, y es una capa aparte.

No hubo bodegón con ingredientes. Cuenta la fórmula sin palabras, pero es dirección de arte y set construido, no una jornada de producto.

No hubo escala en mano. Un frasco de 50 ml fotografiado grande llega a casa más pequeño de lo que la clienta esperaba. Es una toma barata de añadir y evita devoluciones tontas.

Con una línea que ya vende y quiere crecer, esas cuatro son el siguiente paso. Para poner la tienda en pie, no.

Lo que queda

El encargo era para la web de la marca: fichas de producto y las imágenes de cabecera.

Doce archivos, cinco referencias, diez días laborables. Un montaje de catálogo que se puede volver a levantar igual cuando la línea crezca, para que la referencia seis encaje con la primera.

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