Blue Stop vende marisco. Pulpo, calamar. La llamada llegó con una fecha que no se podía mover: una feria del sector abría la semana siguiente, y el catálogo para el stand todavía no tenía fotos.
Cuando la fecha la pone un evento y no el estudio, el proyecto deja de ser una cuestión de velocidad y pasa a ser una cuestión de orden. Lo que sigue es ese orden.
Lo que se cerró antes de tocar una cámara
Contrato y factura de la señal salieron por correo antes de la sesión. Parece burocracia, y en un plazo cómodo lo es. Con una feria la semana siguiente es lo contrario: es lo que permite empezar sin esperar a nada más.
Un proyecto urgente no se cae por la sesión. Se cae porque alguien espera una confirmación, un dato o una firma que nadie pidió a tiempo.
El moodboard se acordó el mismo día
No es lo habitual y no es lo ideal, pero con este plazo era lo correcto: la referencia visual se cerró con el cliente el día de la sesión, delante del producto, en lugar de ir y volver por correo durante media semana.
La ventaja de decidirlo así es que se decide sobre lo que hay: el producto real, su color real, el envase real. La condición es que el cliente esté disponible ese día. Si lo está, se gana media semana.
El previo salió sin retocar, y a propósito
Dos días después de la sesión el cliente tenía imágenes. Sin retoque.
Esto es lo que casi ningún plazo corto aprovecha. El catálogo de feria no se monta con las fotos finales: se monta con la maqueta, y para la maqueta hace falta saber qué imagen va en qué hueco, en qué formato y con cuánto aire alrededor. Eso se puede hacer con un previo.
Mientras el cliente maquetaba, el retoque seguía en paralelo. Las imágenes finales entraron en los huecos ya decididos.
Hay una condición para que esto funcione, y es la de siempre: el previo se entrega diciendo que es un previo, y el nivel de acabado se acuerda sobre una imagen antes de aplicarlo al resto.
Una serie aparte con el producto en su envase
Además del producto, se fotografió el producto en el envase de marca, como serie propia.
En una feria eso no es un extra. El visitante del stand no compra el pulpo, compra a un proveedor: lo que mira es el formato, el envase, cómo llega la mercancía. El producto suelto vende el género; el producto en su envase vende a la empresa.
El orden de la sesión lo decidía el producto, no nosotros
Todo el género llegó congelado, y eso fija el guión de la jornada en una sola dirección: primero se fotografía congelado, después descongelado. No hay vuelta atrás.
Son dos productos distintos delante de la cámara. Congelado, el marisco tiene escarcha, superficie mate y color apagado; descongelado, cambia de tono, gana brillo y suelta agua. Las dos imágenes son necesarias, porque el comprador ve el género en los dos estados: como llega y como se cocina.
Lo que esto significa en la práctica es que cada plano en estado congelado hay que tenerlo resuelto antes de empezar: la luz, el encuadre, la composición. Lo que no se haya rodado mientras el producto estaba congelado, ya no se puede rodar ese día.
Es el tipo de decisión que no se ve en la foto final y que, en un plazo de una semana, es la diferencia entre entregar o no entregar.
Qué queda
El cliente montó el catálogo de la feria con estas imágenes y llegó a la apertura.
«Ha sido un placer trabajar con Marina. Desde el primer momento ha sido muy rápida, atenta y profesional, y se ha adaptado perfectamente a todo lo que le hemos solicitado. Ha entendido muy bien nuestras necesidades y ha facilitado mucho todo el proceso. Sin duda, estamos muy contentos con el resultado y con la experiencia de trabajar con ella. ¡Muy recomendable!»
Luis Viviàn, Blue Stop — reseña en Google
De lo que se hizo queda algo reutilizable: el material del envase sirve igual para la web y para la ficha, no solo para el stand.
¿Tienes una fecha que no se mueve?
Una feria, un lanzamiento, una campaña con día marcado. Cuanto antes entra el proyecto, menos cosas hay que decidir deprisa.

































