Thirty-five rings in one day

Categoría Relojería
Alcance Cuatro sesiones, una jornada cada una
Entrega 14 días laborables
Incluye Catálogo, muñeca, vídeo, accesorios
Cliente recurrente Cuarto proyecto

Qué necesitaba la marca

Un catálogo que pudiera crecer. Empezó como una serie de tomas de catálogo y se amplió a lo largo de cuatro sesiones a fotografía en muñeca, vídeo y una línea de accesorios: cada etapa entrando en la misma cuadrícula que la anterior, sin igualar nada a ojo.

Un reloj tiene dos problemas ópticos que compiten. La caja necesita algo oscuro y algo claro que reflejar para leerse como acero, y el cristal refleja exactamente lo mismo encima de la esfera. Lo que le da volumen a la caja es lo que ensucia la esfera. Cada pieza son varias capturas con iluminaciones separadas, combinadas después.

Cuatro jornadas completas para cuatro relojes.

Dicho así suena fatal, lo sabemos. En calzado, esa misma jornada da para cien pares.

Pero es que un reloj no se parece a un zapato en nada de lo que importa aquí, y esta colección necesitaba cuatro tipos de imagen que no se pueden hacer el mismo día.

Te contamos cuáles y por qué.

Cuatro imágenes, cuatro preguntas distintas

Piensa en cómo llega alguien a comprarse un reloj.

Primero lo ve en algún sitio y le gusta. Eso lo hace el bodegón publicitario: no explica nada, no da medidas, no enseña el cierre. Solo consigue que alguien quiera un reloj que no estaba buscando.

Después entra en tu ficha y empieza a mirar de cerca. Ahí trabaja el catálogo: la esfera que se lee, la caja que parece acero y no plástico gris, el grosor real de perfil.

Entonces le viene la duda que tiene todo el mundo: ¿cómo me va a quedar puesto? La contesta la foto con modelo, y es la toma que más falta en las fichas de relojería. Casi nadie la tiene.

Y si todavía duda, el vídeo enseña lo que ninguna foto puede: cómo se asienta la caja cuando la muñeca gira, cómo se mueve el brazalete, cómo coge la luz la esfera en ángulo.

Cuatro momentos. Cuatro imágenes. Y si le pides a una sola que haga dos de esos trabajos, hace mal los dos.

Por qué un reloj se come una jornada entera

Aquí está la parte técnica, y merece la pena entenderla porque explica la factura.

Un reloj tiene dos superficies que se pelean entre ellas.

La caja y el brazalete son metal pulido. Para que se vean como acero y no como una mancha gris, tienen que reflejar algo claro y algo oscuro a la vez. Ese contraste dentro del propio metal es lo que tu ojo lee como peso.

Y el cristal de la esfera refleja exactamente lo mismo. Solo que encima de las agujas, los índices y tu logotipo.

Lo que le da volumen a la caja es lo que ensucia la esfera.

Así que no hay una foto. Hay varias: una iluminación pensada para el metal, otra para que la esfera quede limpia bajo el cristal, a veces una tercera para el bisel. Todo con la cámara y el reloj fijados, porque si algo se mueve un milímetro entre capturas, la combinación no encaja.

En calzado montas la luz una vez y van pasando zapatos. Aquí cada pieza se pelea entera.

Por eso, si comparas un presupuesto de relojería con uno de calzado dividiendo por el número de imágenes, no estás comparando nada.

Lo que se decide el primer día y ya no se toca

La hora de las agujas, por ejemplo.

Casi todo el mundo fotografía a las 10:10 y no es superstición: las agujas abren en uve, dejan libre el logotipo y no tapan la fecha. Pero lo importante viene después. Una vez elegida, esa hora se queda para toda la colección.

Cincuenta relojes cada uno marcando una hora distinta se ven en tu tienda igual de mal que cincuenta con la luz cambiada. Nadie sabe decir qué pasa, pero todo el mundo nota que pasa algo.

Lo mismo con la altura de cámara, la distancia, la posición de cada foco y el esquema por tipo de acabado. Se decide al principio, se anota, y se aplica a todo.

Es lo que permitió que cuatro sesiones con cuatro objetivos distintos siguieran pareciendo el mismo catálogo.

El vídeo en muñeca: la sesión más difícil de las cuatro

Sobre la mesa el reloj está quieto. Lo fijas, te tomas el tiempo que haga falta, cambias la luz, repites.

En una muñeca no puedes hacer nada de eso.

El ángulo en el que el cristal no te devuelve un reflejo es estrecho. Unos grados de más y en la esfera aparece la ventana, o el trípode, o el techo.

Ahora súmale que la mano tiene que quedarse ahí quieta, porque estamos grabando y no disparando ráfagas donde luego eliges la buena.

Y que además tiene que parecer natural. Una mano agarrotada se ve agarrotada, por muy bien iluminado que esté el reloj.

Tres cosas a la vez, aguantadas durante toda la toma. Sostener un reloj así no lo hace cualquiera: es un oficio, aunque suene raro decirlo.

Y encima está lo del vídeo, que sorprende hasta a gente del sector.

Cuando haces una foto y sale una huella en el acero, se quita en retoque. Es aburrido, pero se resuelve.

En vídeo no. Son veinticinco fotogramas por segundo, y limpiar cada uno no tiene ningún sentido económico. Así que el reloj tiene que estar limpio de verdad, y seguir estándolo durante toda la toma.

El problema es que lo lleva puesto una persona.

Entre toma y toma hay que colocarlo, girarlo, ajustarlo. Y el acero pulido guarda cada huella que le dejas. Las microrrayas de una pieza de exposición, esas que en la mano no ves, en macro con luz dura salen enteras.

Así que la jornada funcionó así: antes de cada toma, el asistente limpiaba el reloj de polvo y de huellas. Cada una. No una vez al principio.

Y había una segunda cosa que también se repetía en cada toma, y esta no se la espera nadie.

El reloj anda. Las agujas se mueven mientras grabas, y una toma dura bastante más que un disparo. Así que antes de cada toma había que volver a poner las 10:10.

Elegir esa hora el primer día parece una decisión. En vídeo es una tarea, y se repite durante toda la jornada.

Encima el vídeo necesita luz continua en lugar de flash: luz que calienta y que está encendida todo el rato, enseñando más de lo que enseñaría un destello.

Por eso el vídeo no es la foto pero en movimiento. Es otra cosa, y es la más exigente de las cuatro sesiones.

Lo que se llevó la marca, además de las fotos

Las imágenes finales listas para usar, en los formatos que necesita cada destino. Y con el encuadre pensado desde el rodaje para que quepan varios: lo que se ve en la ficha, en la web y en redes sale de la misma toma.

Todo el criterio anotado: valores de luz, posiciones, nomenclatura de archivos. La siguiente colección no empieza de cero.

Los derechos cerrados antes de rodar, con los canales y el territorio por escrito. Para que el material se pueda mover sin tener que volver a hablarlo.

Qué demuestra esto

No la calidad de una foto suelta. Eso lo ves tú mirando y no hace falta que te lo contemos.

Lo que demuestra es que una colección necesita imágenes distintas para cosas distintas, y que aun así todas pueden pertenecer al mismo catálogo si el criterio se fija el primer día.

Cuatro sesiones, cuatro objetivos, y nada en el conjunto parece traído de otro sitio.

The second layer: the rings worn

With the catalogue finished, a selection of images of the rings on a hand was added, generated from the real photographs.

We say so openly because it’s the method, not something to disguise.

The principle everything comes from: generation inherits whatever you give it. If the ring’s colour was captured properly against a physical sample, that propagates. If it wasn’t, you get twenty images with the colour wrong.

Which is why the order can’t be reversed. First a session that fixes shape, colour and detail. Then, if that kind of image is needed, generation on top.

What it solved for the brand: having the shot of the ring worn without building a separate day with casting, styling and image rights.

And what it wouldn’t have solved: if these rings were going to a marketplace, the main image would still have to be the real photograph. Accuracy is mandatory there and it isn’t open to interpretation.

What was delivered

The complete catalogue. The selection of images on a hand. And the record of which images involved generation and which didn’t.

That record isn’t bureaucratic detail: since August 2026 there are European transparency obligations on AI-generated content, and whoever publishes needs to know what they’re publishing.

Thirty-five rings in one day. Estudio de fotografía de producto en Barcelona | Joyería, Relojería, Cosmética
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