Relojes Hilts

Hilts: cuatro sesiones, un catálogo que creció

La mayoría de los proyectos de fotografía empiezan y terminan en la misma sesión.

Este no.

Empezó con una serie de tomas de catálogo. Cuatro sesiones después incluye fotografía y vídeo con modelo, vídeo de temporada y una línea de accesorios.

Y lo interesante no es el crecimiento. Es lo que hizo posible que cada ampliación fuera más rápida que la anterior.

La primera sesión: fijar el criterio

La caja y el brazalete son metal pulido: necesitan reflejar algo claro y algo oscuro a la vez para tener volumen y leerse como acero.

El cristal de la esfera refleja exactamente lo mismo, pero encima de la información que el comprador quiere leer: índices, agujas, marca.

Lo que le da volumen a la caja es lo que ensucia la esfera.

Por eso cada pieza son varias capturas con iluminaciones distintas —una para el metal, otra para que la esfera quede limpia bajo el cristal— combinadas después, con la cámara y el reloj fijados para que no se mueva ni un milímetro.

Y la hora se fijó para toda la colección. Una vez elegida, tiene que ser la misma en todas las referencias: cincuenta relojes cada uno a su hora se ven en la cuadrícula de una tienda igual de mal que cincuenta piezas con la luz cambiada.

Categoría Relojería
Alcance Cuatro sesiones, una jornada cada una
Entrega 14 días laborables
Incluye Catálogo, muñeca, vídeo, accesorios
Cliente recurrente Cuarto proyecto

Qué necesitaba la marca

Un catálogo que pudiera crecer. Empezó como una serie de tomas de catálogo y se amplió a lo largo de cuatro sesiones a fotografía en muñeca, vídeo y una línea de accesorios: cada etapa entrando en la misma cuadrícula que la anterior, sin igualar nada a ojo.

Un reloj tiene dos problemas ópticos que compiten. La caja necesita algo oscuro y algo claro que reflejar para leerse como acero, y el cristal refleja exactamente lo mismo encima de la esfera. Lo que le da volumen a la caja es lo que ensucia la esfera. Cada pieza son varias capturas con iluminaciones separadas, combinadas después.

Lo que se quedó registrado

Al terminar esa primera sesión quedó anotado lo que permitiría que las siguientes no empezaran de cero.

Altura de cámara, distancia y focal. Posición de cada fuente. El esquema por tipo de acabado. La hora de las agujas. La nomenclatura de los archivos.

Eso es lo que convierte una sesión suelta en un sistema.

Cuatro tipos de sesión, cuatro jornadas completas

Aquí está el dato que ordena todo el proyecto, y conviene darlo sin suavizar:

Cada tipo de sesión ocupó una jornada completa. Para cuatro pares de relojes.

Catálogo, una jornada. Fotografía en muñeca, otra. Vídeo en muñeca, otra. Vídeo de producto, otra.

Cuatro días para cuatro referencias. En calzado, esa misma jornada absorbe cien pares.

La diferencia no es el ritmo de trabajo. Es que en calzado el montaje se levanta una vez y solo cambia el zapato, mientras que en relojería cada condición se pelea pieza a pieza.

Por qué la muñeca es más lenta que la mesa

Sobre la mesa, el reloj se fija. Y con la pieza inmóvil se puede desmontar el problema en partes: una iluminación para el metal, otra para que la esfera quede limpia bajo el cristal, y una combinación posterior. Nada se mueve entre capturas.

En muñeca eso desaparece.

El reloj lo sostiene una persona, y el ángulo en el que el cristal no devuelve un reflejo es un margen estrecho. Unos grados de más y aparece en la esfera algo de la habitación.

A la vez, la mano tiene que quedarse quieta dentro de ese margen, porque hay vídeo y no una ráfaga de fotos donde se elige la mejor.

Y a la vez tiene que parecer natural, porque una mano tensa se ve tensa.

Tres condiciones simultáneas, sostenidas durante toda la toma. No es una modelo de manos cualquiera: es una habilidad concreta y poco común.

Por qué el vídeo de producto fue lo más difícil

Esta parte sorprende incluso a gente del sector.

En fotografía, una mota de polvo se quita en retoque. Es trabajo mecánico y aburrido, pero se resuelve.

En vídeo no. Son veinticinco fotogramas por segundo, y limpiarlos uno a uno no tiene sentido económico en un proyecto comercial.

Así que la limpieza tiene que ser física: antes de rodar, y mantenida durante toda la toma.

Sobre un reloj eso significa vigilar tres cosas a la vez que el metal pulido y el cristal registran sin piedad:

El polvo, que se posa continuamente y que la luz rasante convierte en un punto brillante.

Las huellas, porque la pieza se manipula entre tomas y el acero pulido guarda todas.

Las microrrayas, que en una pieza de exposición existen aunque no se vean a simple vista, y que en macro con luz dura aparecen enteras.

A eso se suma que el vídeo necesita luz continua en lugar de flash, y la luz continua calienta y está encendida todo el tiempo, revelando más. Y que una cámara en movimiento enseña partes del set que en un encuadre fijo quedaban fuera.

Por eso el vídeo de producto no es «la versión en movimiento de la foto». Es la sesión más exigente de las cuatro.

Lo que muestra este caso

No la calidad de una imagen. Eso se ve mirando.

Lo que muestra es qué pasa cuando el criterio se fija una vez y se hereda: cada ampliación cuesta menos preparación que la anterior, y todo el material sigue perteneciendo al mismo catálogo aunque se haya producido a lo largo de varias temporadas.

Es exactamente lo contrario de lo que ocurre cuando cada encargo empieza una conversación desde cero.

Hilts: cuatro sesiones, un catálogo que creció
Hilts: cuatro sesiones, un catálogo que creció
Hilts: cuatro sesiones, un catálogo que creció
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